Ya no son 33, ya son más de 33. Dos días más que se convertirán en tres, cuatro, diez o sesenta de forma inexorable. Da igual, es lo mismo, ni me siento cansado ni me siento triste ni me siento decepcionado. Al menos, no por la edad. Son otras cosas las que me cansan, entristecen y decepcionan, como a todos. Algunas dependen de mi, otras no (aunque si rascas un poco la superficie también acaban dependiendo de mi).
El día en el que el 33 llegó a mi vida lo pasé en un curso (Bloomberg, para más señas, aunque os interesará cero). Es una forma curiosa de pasar el día de cumpleaños, al menos no es una forma como otra cualquiera, podemos encontrar una larga lista de actividades más divertidas pero también más aburridas. El día acabó con una cena sorpresa en lo que sería uno de mis restaurantes favoritos de Shanghai. Esa es una de las cosas que ni me cansan, ni me entristecen, ni me decepcionan: la gente (perdón por llamarles cosas en la oración previa) que he conocido aquí.
33, 32 más 1 o 34 menos 1, da igual, son números. Lo que importa es como rellenas los huecos que forman esos números; lo que importa es echar la vista atrás y estar orgulloso (o contento o, al menos, no asqueado) con la materia con la que has rellenado los huecos. Aunque no sea un material lo suficientemente bueno para escribir un libro, que sea como mínimo un material para nutrir algunas historias, cortas, breves, de pequeño serial televisivo, pero que den sentido a un camino que va por el punto kilométrico 33.
Echar la vista atrás y saber que tienes algo que contar cuando te preguntan: ¿qué has estado haciendo? ¿qué has estudiado, en qué has trabajado? ¿con quien has salido, entrado, comido y otros participios que no voy a escribir? Esas preguntas que te hacen y que a veces no sabes como contestar porque echas la vista atrás y la materia con la que has rellenado los huecos está resquebrajada. Y esas no son las peores preguntas, claro, pero sí las que te definen. Luego llegan las del futuro, las que cuestionan lo que vas a hacer, las que pretenden indagar en aquello de lo que se construyen los sueños y que después será (si todo ha ido extremadamente bien) con lo que has rellando el espacio en blanco. Y ahí es cuando te retratas del todo, ahí es cuando vayas por el 20, el 28, el 33, el 29 o el 47, sabes de forma definitiva que pasado, presente y futuro son todo uno y que no hay nada peor que echar la vista adelante y ver lo mismo que verías si contemplases el pasado: decepción, tristeza y cansancio.
33+, deseemos no quedarnos ahí, deseemos mantener las relaciones que he empezado este año, deseemos no perder las de años anteriores, deseemos acabar con d, t y c. Mirar al futuro y sonreir es posiblemente lo más adecuado y deseable pero ¿es siempre posible?
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1 comentario:
Ya es hora de actualizar un poquito el blog, no me sea pendejo, please.
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